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Qué pena me da este mundo

2.6.14

2 palabras


Vivimos en un mundo en que nos quejamos de vicio por todo. Lamentamos la visión que se tiene sobre la mujer pero no hacemos más que mirar a nuestro alrededor y ver a mujeres vendiendo su cuerpo. Pocos ejemplos veo de cantantes famosas que no asocien su música al erotismo y la sexualidad, vendiendo más su físico que su música. Incluso mujeres con talento, que es lo que más me molesta. No necesitas usar tu cuerpo para captar la atención, si realmente lo que te mueve es tu amor por la música.
Los anuncios en televisión vuelven a mostrar a la mujer como un pedazo de carne, pero es que la culpa no es sólo de quienes gestionan la publicidad, sino de las mujeres que se prestan a ello. ¿Cómo vas a defender tu dignidad como mujer si te vendes a la primera de cambio al mejor postor? Y de nuevo viene la hipocresía cuando veo al feminismo criticando una y otra vez las instituciones y la actitud de muchos hombres (que no digo que hagan mal), ¿pero acaso protestan por las mujeres que contribuyen a eso? No. De hecho, si tachan ciertos anuncios de sexistas en ningún momento hacen referencia a las mujeres que, sin titubear, se han prestado a formar esa imagen, sino sólo a los anunciantes. Y tienen tanta culpa tanto unos como otros.
Llegas a Flickr y a distintas galerías de fotografía artística y desnudos por doquier. ¿El problema? Que yo he llegado a ver fotografías que sí me parecen verdaderas obras de arte (y no es una tía desnuda sin más), pero bajo esa excusa (y sabiendo el éxito por el morbo y el constante pensamiento sexual) se ha extendido a que todo el mundo cuelgue una fotografía mostrando su cuerpo por el simple hecho de conseguir más seguidores.
Y, sinceramente, a mí todo esto me da vergüenza como mujer. Independientemente del papel que jueguen otras personas y la presión que se ejerza por parte de éstas, son las mujeres las que terminan aceptando encontrarse en determinada situación (dudo que Christina Aguilera, Miley Cyrus, Rihanna, Beyoncé y un largo etcétera se quedaran en la ruina si se dedicaran exclusivamente a la música y no a basar en el erotismo sus conciertos, videoclips y sesiones de fotos; y dudo que las mujeres que salen desnudas en anuncios de colonia no tengan pan que llevarse a la boca si no aceptan someterse a mostrar su cuerpo sin sentido ni razón), y me entristece que haya tantas mujeres luchando por sus derechos y por desvincular a la mujer de la imagen de objeto sexual a la que tanto se le asocia, mientras que otras derrumban en un suspiro los esfuerzos de tantas por hacerse con un hueco digno y decente en esta sociedad.

Inocencia.

4.2.14

1 palabras
No sé si fue coincidencia lo que me sugirió el título de la novela de Linzi Glass "El final de la inocencia" a las 20:42 con lo que sucedió aquel mismo día a las 20:58. Tan sólo dieciséis minutos tardé en poner el chubasquero a mi mochila, bajar las escaleras de la biblioteca y caminar hacia mi casa.. Dieciséis minutos hasta encontrarme con él. No era la primera vez que nos veíamos, su abrigo del Real Madrid se había cruzado conmigo, un tanto apesadumbrado, al volver del instituto y también se había posado durante horas en una silla del "Área de Lectura" enfrente de mí. Su andar vacilante, su mirada intensa de ojos claros... Era imposible que pasase desapercibido.

A las 20:57 una sensación extraña de aquello que llaman "instinto" que acostumbra a equivocarse, me incitó a agarrar con fuerza mi manojo de tres míseras llaves, y justo cuando sonó aquel "tac" en el reloj, él apareció de repente, pasando desapercibido por una vez, e intentó besarme. Aquel hombre de pelo blanco, unos cuarenta años y aspecto descuidado, había emergido del entrante de aquel garaje para empujarme contra la pared, centrándose en que no fuese difícil, no me moviese, no gritase demasiado... por ahora. Por cuarta vez en mi vida (entre unas tres mil) el instinto tuvo razón y el reflejo de hundir una de mis tres míseras llaves en su globo ocular izquierdo me dio la ventaja suficiente como para correr hasta mi edificio, abrir el portal y correr escaleras arriba hasta estar a salvo.

Y el resto... El resto ya lo conocen ustedes, señores policías, los traumas, los reclutamientos en casa, el acoso continuo de aquel hombre furioso... No podía permitir sentirme desprotegida, no podía permitir que el primer día que logré hacer sola el mismo camino, él me obligase a repetir el  proceso de nuevo...

... Aquellos cuatros navajazos, aquel sonido de ambulancia, y aquel puesto en el tanatorio que ocasioné con mis actos fueron en defensa propia y del resto de la sociedad.

Reflexiones ante un fideo y sobre una almohada.

8.9.13

1 palabras
No todo lo que se va vuelve.
Nos gusta complicarnos a nosotros mismos, es natural, desde pequeños nos llama más la atención recitar el abecedario de la "z" a la "a".
Nos esforzamos mas por pensar lo irremediables que somos que por luchar por ser quien queremos ser.
Aunque intentemos negar el egoísmo y el egocentrismo, incluso en la tabla de pronombres, "yo" es previo al "tú".

 He aquí algunas de las reglas que nos constituyen. Esas normas que se nos antojan inquebrantables y de las que queremos escapar debido a nuestras ansias de sentirnos especiales. ¿Y que es lo que dictamina que realmente las reglas no se puedan cambiar? Si la ciencia ha demostrado que las especies evolucionan a partir de entes previos, ¿Que es lo que nos impulsa a creer que no podemos cambiar aquello que nos viene dado?
Nuestro mundo está bajo nuestros pies, pero la falta de confianza y (aceptemoslo) la vagancia, frenan aquello que podría convertirse en realidad.
Somos humanos, y nuestros conocimientos actuales dictaminan que la existencia es proporcional: Un sujeto, una vida. Y visto que la vida es de las pocas "cosas" de las que podemos estar mas o menos seguros de poseer... No nos la compliquemos, ni permitamos que otros se compliquen a nuestra meced...
Para ser persona, no es necesario entrar en el juego que nos asignan.
Podemos elegir nuestra propia manera de jugar.

Ana.

Corrupción: Las cloacas del poder.

12.8.13

1 palabras


En 1982, Amnistía Internacional informó que durante las masacres, “el gobierno destruyó pueblos enteros, torturó y mutiló a sus pobladores y realizó ejecuciones masivas”, y cita el ejemplo de un pueblo en el que las tropas “forzaron a todos los habitantes a entrar en el juzgado, violaron a las mujeres, decapitaron a los hombres y golpearon a los niños contra las rocas de un río cercano hasta que murieron”. Por su parte, Survival Internacional, una organización dedicada a la defensa de los pueblos indígenas, recogió el testimonio de decenas de refugiados guatemaltecos en México que narraron cómo se asesinó a mujeres embarazadas y niños y se quemó vivas a varias personas. Así los supervivientes de la masacre de la Finca de San Francisco explicaron cómo más de 300 personas fueron violadas, tiroteadas, quemadas, cortadas a machetazos o desventradas. De este modo narra uno de los supervivientes una de las escenas que le tocó presenciar: “Finalmente sacaron al último niño. Era un niño pequeño, tal vez de unos dos o tres años. Le apuñalaron y le sacaron el estómago. El pequeño gritaba, pues aún no estaba muerto, y el soldado agarró un palo grueso y pesado y le aporreó la cabeza. Le cogieron por los dos pies y le estrellaron contra un árbol. Lo tiraron contra el suelo y le cortaron la cabeza. Cogieron los pedazos y los tiraron dentro de la casa”.


El otro día, leyendo este libro de Miguel Pedrero estuve planteándome cuánto tardaría en idear y construir una nave que me permitiese vivir en el espacio, lejos de toda ¿humanidad? durante lo que me quede de vida, pero no fue hasta que llegué a este fragmento cuando empecé con los planes de exterminio de la raza humana.
Violar a mujeres y decapitar hombres me parece deleznable, pero golpear a niños contra las rocas hasta acabar con su vida, sacarle el estómago a otros y golpearles hasta la muerte, es algo que, sinceramente, no me entra en la cabeza, y me niego a reconocer que formo parte de esta raza de elementos inclasificables que no sólo juegan con la vida humana a su antojo, sino que disfrutan con una tortura que, a pesar de intentar imaginarla, soy incapaz de recrear en mi mente.
Me pregunto de dónde sacaron las fuerzas esas ¿personas? para llevar a cabo semejante acción, cómo fueron capaces de llegar a tal grado de crueldad sin ningún tipo de remordimiento.
Lo peor de todo es que ojalá, ojalá, se tratase de casos aislados, una de esas tragedias que llaman la atención del mundo entero por su carácter inusual. Pero no. La historia se repite cada vez que hay que favorecer los intereses de un bando en perjuicio de los del otro. Y, como podemos comprobar, ahí no importa nada.
Y a mí me hierve la sangre de ver cómo el mundo permanece impasible, que continuarán las masacres y todo quedará o en el desconocimiento que provocan los medios de desinformación o en la resignación del que cree no poder luchar contra la injusticia. Que avanzará la historia y unos cuantos millones de más decidirán sobre la vida humana y manipularán a sus marionetas para que ejecuten el trabajo sucio. Que el poder y el dinero seguirán corrompiéndolo todo.

Y, por desgracia, veo demasiada indiferencia a mi alrededor, pase lo que pase. Y ya no creo que nada de esto vaya a cambiar.

Bandera blanca.

31.3.13

4 palabras


He mirado a los ojos del pasado y qué extraño encontrar respuestas del ahora en su mirada.
Esos ojos, sin mirarme, me han hablado de la vida, de estos meses apostándome de nuevo el corazón sabiendo que la ruleta está trucada. Se han burlado de mi estupidez, de mis decisiones, de que en determinado momento bajara la guardia y… PUM. El mayor error que podía cometer.
Ojalá pudiera contarte lo que he visto. Mi imagen reflejada en ellos y mi vida era una copia exacta de lo que era yo hace unos años.
Y… esos ojos no saben lo que viene después.
Pero yo sí.
Y a veces lo veo tan cerca, y a veces tengo tanto miedo, que me pregunto por qué continúo enganchada a estas cadenas, dejando que se fundan con mi piel, en lugar de romperlas.
De romperme.
Y dejarme de pedazos, que yo lo que necesito es un terremoto que mate el tiempo y acelere la retirada.
Ya sólo pido una tregua.
Apartarme yo del camino.
(y que después una mirada me lo recuerde todo…)

Estupidez humana.

23.3.13

4 palabras
Somos torpes, vacíos, incompletos, inconexos, hijos de un destino estúpido que castiga con su látigo cada desliz.
(Sobre)vivimos por puro instinto. Sin embargo nos creemos únicos, especiales, libres, dueños de nuestro camino. Confiamos en nuestra capacidad de eludir la realidad e introducirnos en una novena dimensión creada única y exclusivamente a nuestro antojo. Utilizamos el arte como droga, como excusa, como justificación de nuestros fracasos y caídas. Y quizá sea cierto que nos salve, pero sangrar cada letra, parpadeo, pincelada o melodía es la señalización del precipicio, inminente caída frente a nuestra ceguera -o tal vez seamos nosotros, empeñados en cerrar los ojos ante la oscuridad, sin ver que es dentro donde nace, crece y se reproduce-.
Bailamos con la excitación del dolor, esa extraña contradicción por disfrutar la sensación de conocer el final -y saberlo a la vuelta de la esquina-.
Nos reímos de nuestro propio reflejo, como creyendo huir así de nuestro futuro, tratando de alejarnos de esa copia barata de nosotros mismos que sonríe con desprecio cuando intentamos mostrar indiferencia.
Debatimos contra nuestros propios argumentos por poder sentir un mínimo de satisfacción cuando todo se rompa.
Recurrimos de nuevo al arte para acompañar nuestra soledad, para que algo tape el ruido que no queremos escuchar o, por el contrario, regocijarnos en las desdichas con el único objetivo de crear algo digno de aprobación -propia o ajena-.
(Sobre)vivimos 4 metros por debajo de la felicidad, almas inexpertas buscando el camino descendente -que es más sencillo-, sin ver que la salida en realidad no está tan lejos.
Nos autoesclavizamos. Nos hemos autoesclavizado por miedo a caer -por miedo a vivir-.
Y aún así caemos -y ni por esas vivimos-.
Perdemos el tiempo huyendo, conociendo la inutilidad de nuestros actos.
Pero seguimos temblando.
Y podría jurar que tu reflejo ha vuelto a romperse sin dejar ni rastro.

25-S

25.9.12

0 palabras
¿Qué verán los políticos cuando se miran al espejo? ¿Qué será el saber que hay gente detenida y/o herida por culpa tuya? ¿Cómo sentirse, si es que tienen un mínimo de moralidad, sabiendo lo que injustamente has provocado, que disfrazas de democracia una evidente dictadura?
Supongo que podría llegar a entender su falta de escrúpulos cuando tienen las manos aparentemente limpias, pero entonces aparece la cuestión de la policía.
Veo streamings, veo vídeos, veo en mis recuerdos cargas que he presenciado. ¿Cómo son capaces? No me entra en la cabeza que un ser humano sea capaz de ejercer tal grado de violencia con semejante indiscriminación, como salvajes sin ningún tipo de valores. Y me doy cuenta de que no se puede considerar personas a aquellos que actúan así. 
Golpear repetidamente a una persona, con toda tu fuerza, sabiendo que atacas a un cuerpo y que pretendes llegar hasta sus ideales, golpear sin plantearte siquiera lo que estás haciendo, incluso con satisfacción. Disfrutar de la supuesta superioridad que otorga tu uniforme y tus elementos de represión. 
Que alguien se atreva a defender que vivimos en una democracia después de ver las imágenes. Que hablen con los detenidos, con los heridos, ¿eso es democracia? Que hablen y sigan hablando. ¿Y el derecho de manifestarse? Se les llena la boca con "la opinión se demuestra en las urnas" pero incluso cuando los políticos incumplen su programa, no hay derecho a quejarse porque "lo hacen por tu bien". 
Quizá ellos se miren al espejo y se sientan bien consigo mismos, no vean la crueldad reflejada en sus pupilas ni se percaten de la brutalidad injustificada de sus actos, pero cuando yo miro mi reflejo contemplo en mis ojos lo que han hecho y no puedo respirar tranquila sabiendo que las personas más peligrosas son aquellas que teóricamente se encargan de defendernos.
Y yo... yo es que ya no sé qué creer. 
Pero entonces veo el valor en la gente que a pesar de todo sigue en pie. 
Porque son sus derechos. 
Porque sus convicciones son más fuertes que cualquier golpe. 
Gente apaleada que mira a los ojos de sus agresores. 
Sin miedo.
Y entonces me doy cuenta de que la lucha sigue.
CUESTE LO QUE CUESTE. 

Basta ya.

17.8.11

3 palabras

Empiezo a cansarme de tanta violencia, de tanta vergüenza que me da la raza humana. ¿De verdad cuesta tanto respetar a los demás?
No puedes exigir que la gente te trate bien y con respeto si tú a la mínima de cambio increpas a aquellos que tienen alguna opinión contraria a la tuya.







Afílianos

El baúl de la habitación de al lado

Palabras...

>> Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se nos presentan en el espíritu hasta que ya es demasiado tarde.
André Gide.


>> La palabra que retienes dentro de ti es tu esclava; la que se te escapa es tu señora.
Proverbio persa.




Huellas.