The reason is you.

28.11.13



Hoy he descubierto que el reloj lo inventó alguien que no tenía ni idea de lo que era el tiempo. Se equivocó por completo con sus tres manecillas para marcar horas, minutos y segundos. No sé cómo pudo ser tan ingenuo y cómo el mundo se dejó controlar bajo esa norma tan estúpida.
Y, sin embargo, no significa que no exista.
Considerándolo como un todo, el tiempo me ha dado el valor de empezar a escribir –sin haber sido capaz de quitarme esa manía de apretar las mandíbulas mientras tanto–, y en un acto inconsciente de felicidad he perdido el miedo a contar que para mí el futuro no vale ni un solo céntimo. Tengo suficiente con este mundo capitalista que vende la felicidad por fascículos con fecha de caducidad como para preocuparme por el día en que un billete no vaya a traerme el motivo por el cual ahora mismo soy capaz de sonreír. Me niego a aceptar esa tendencia a la degeneración con ese maldito señor que doblega a todo ser humano con su calendario. He pasado demasiado tiempo asumiendo que cada paso estaba marcado por normas universales, pero he decidido que ya lamentaré esta inocencia en su debido momento. No voy a seguir forzando a mi mente a prever el final cada vez que el corazón se me acelera porque le encuentro un sentido a la vida.
Quizá no debería dejar que cuatro letras sustituyan al dios Tiempo en lo que a esclavizar almas se refiere, pero el quizá me sabe a poco cuando la felicidad me sabe a tanto. Estoy cansada de caminar con los pies en la tierra para suavizar la caída. Ya me quebraré los huesos cuando me llegue la hora, pero me niego a seguir rechazando el vuelo por si se me deshilacha de nuevo el corazón.
Me dan igual el tiempo y sus espinas, sus puñales, sus traiciones.
Me dan igual las reglas nunca escritas que dictan que no debería entregarme así.
Me dan igual las promesas que me hice de saber quién soy y dónde estoy en todo momento.
Ya no me importan ni mi nombre ni las fechas, ni el arrepentimiento que pueda sentir después. Firmo este contrato sin titubear porque hoy, AHORA, siento que no hay mañana. Y si mañana no existe quiero quedarme con lo que tengo, con los motivos por los que salir a la calle a gritar –y no es de rabia–, por la razón por la cual el frío acaricia con tanto cuidado.
Olvido todas las veces que me arrepentí de palabras que ni dije ni publiqué, y olvidaré esa sensación si se vuelve a repetir, porque aunque no sea por causa interna, siendo egoísta estoy hablando de mí, de que a pesar de los demás has inclinado la balanza a tu favor, a mi favor, puesto que al fin y al cabo –aunque el papel se emborrone porque he relajado la mandíbula– eres la razón por la que quiero y puedo sonreír.

1 palabras:

Sheyimash dijo...

J. J. Benítez dice que el reloj es "el tonto del tic-tac". Ya sabemos por tanto lo que podemos esperar si seguimos los dictados de un tonto...

Sin embargo el amor -en todas sus vertientes- es la fuerza que mueve el universo -no solo la vida humana-, y la sal que adereza nuestra breve y extraña existencia.

Así que...

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Palabras...

>> Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se nos presentan en el espíritu hasta que ya es demasiado tarde.
André Gide.


>> La palabra que retienes dentro de ti es tu esclava; la que se te escapa es tu señora.
Proverbio persa.




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