La posible trampa personal.

8.9.15

"El pequeño libro de las grandes decisiones" es un librillo que cabe en un bolsillo pero que enseña para toda una vida. Incluye varios modelos y gráficos sobre los que te invita a garabatear para conocer mejor al mundo y a tí mismo, para entender un poquito más al ser humano. De una de sus páginas es el siguiente texto con el afirmo que me siento muy identificada (a riesgo de parecer arrogante) y que quería compartir ya que, si alguien se sentía raro y un pelín tonto por esto, sepa que es más común de lo que creía (que no es consuelo, sino motor de toma de conciencia).

La posible trampa personal.

POR QUÉ ES MEJOR NO ESPERAR NADA.

"Un chico tan prometedor"; cualquiera que haya oído decir esto de él puede imaginar qué se esconde tras la posible trampa personal; toda una vida esforzándose para complir las expectativas.

Es la maldición de una persona con talento. "Sólo necesita averiguar lo que realmente quiere", dice la gente. Sus defectos se pasan por alto y se admiran sus éxitos por la facilidad con la que los consigue. Al principio, se aprovecha de su altractiva aunque fatídica combinación de talento y carisma. Claro está, hasta que los estúpidos se vuelven trabajadores: entonces debe contemplar desde la banda como precisamente las personas que en su día a día le miraban con envidia, le superan.

La posible trampa personal se puede trazar con precisión. El modelo consta de tres curvas (sobre un eje cronológico):
- Mis propias expectarivas
- Expectativas de los demás sobre mí.
- Mis logros reales.

La trampa se pone en marcha cuando las expectativas que los demás tienen de ti y tus logros reales divergen demasiado. Por lo general, una persona con talento sigue adelante hasta que llega a un punto crítico. La forma de resistir es prometer 80 y dar 120. 

Mikael Krogerus & Roman Tschäppeler.
 

1 palabras:

Óscar Sejas dijo...

Te recomiendo este vídeo, habla un poco de lo mismo, de las expectativas, el talento y demás:

https://www.youtube.com/watch?v=7E2jsp8mGKA

Abrazo!

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>> Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se nos presentan en el espíritu hasta que ya es demasiado tarde.
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