Entrelazar las manos.

19.5.13

Flores. Piel. Brisa...Es extraño la sensación que evoca que tras meses y meses de pesadez sentimental, de espacios en blanco, de cumplir por deber y no por decisión, de repente, con la misma delicadeza con la que una nube atraviesa la ciudad surcando el cielo, una sensación de felicidad pura y absoluta se cierne sobre mi. Justo en el momento en el que entrelazamos las manos.
Todo se me antoja realmente precioso.

Ella, mi amarillo,  que siempre ha estado ahí y ha arrojado luz a esos meses tenebrosos, me resulta mil veces más deslumbrante (Si cabe esa posibilidad) y me deja sin palabras al intentar expresar lo que siento por ella, aunque no hagan falta las palabras porque ambas lo sentimos y ambas lo sabemos.

Él, un felino blanco y peludo, que es capaz de sentir la música, de entender mis miradas, de ser tierno y detestable. Él no sabe hablar mi idioma, no entiende mis palabras, pero me entiende a mí. El mismo que a veces me hace despotricar, es el que me abraza sin vacilar y me hace reír en los momentos más subreales.

Ella, esa diosa morena capaz de iluminar todo un palacio con tan sólo una sonrisa, un movimiento y una frase. La diosa de la que fui antagonista, y por ello me consumí lentamente. La misma que tantas veces me hizo estremecer de asombro y fascinación. La que me abre y abrió los ojos al mundo. La que me ha dado la oportunidad de crecer. Lo que la sangre y el corazón unen, no lo deben separar los caprichos y la actitud. Jamás.

Y finalmente, Él. Me resulta complicado explicarlo. Siempre he detestado el amor escrito. Se torna empalagoso, algo así como un pastel de chocolate y caramelo glaseado. Entonces... ¿Por qué nos empeñamos en tratar de difundirlo entre los demás? Simplemente me aventuraré a decir  (tratando de no rozar el límite de lo detestable) que la combinación de su mirada y su sonrisa evoca una sensación que todas y cada una de las personas sobre la faz de la tierra deberían poder experimentar. Porque es imposible expresarlo. No se escribe, no se fotografía, no se cuenta, tan sólo se siente.

Con ellos alineados en la franja de lo correcto, la vida está tendiéndome la mano. Tan sólo falto yo. Entonces entrelazaremos las manos y nos sumergiremos en un baile no absolutamente perfecto sino maravilloso y memorable. En ese momento, será cuando deba de crecer un poco más... Tengo claro que aún hay mucho que aprender.

Ana.





1 palabras:

Ester L. dijo...

Pues cógeles fuerte de la mano ;)

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