La llama, Arturo Barea

17.1.13


"Le hablé de la guerra, repugnante, porque enfrentaba a hombres de la misma sangre unos contra otros, en una guerra de dos Caínes. Una guerra en la cual sacerdotes eran fusilados en las afueras de Madrid y sacerdotes daban su bendición al fusilamiento de pobres labradores, hermanos del propio padre de don Leocadio. Millones como yo, que amaban sus gentes y su pueblo, estaban destruyendo, o ayudando a destruir, aquel pueblo y aquellas gentes tan suyas. Y lo peor era que ninguno de nosotros tenía el derecho de permanecer neutral.
Yo había creído, y aún creía, en una España libre con un pueblo libre. Había querido que esto llegara sin derramamientos de sangre, a fuerza de trabajo y de buena voluntad.
¿Qué podía hacer si esta esperanza, ese futuro se estaba destruyendo? Tenía que luchar por ello. Y así, ¿tenía que matar a otros? Sabía que la mayoría de los que estaban luchando con las armas en la mano, matando o muriendo, no pensaban en ello, sino estaban animados por las fuerzas desatadas de su propia fe. Pero yo estaba obligado a pensar, para mí esta matanza era un dolor agudo que no podía olvidar ni calmar. Cuando oía el ruido de la batalla, no veía más que españoles muertos en ambos lados. ¿A quién tenía que odiar? ¡Ah, sí!, a Franco, a Juan March, a sus generales y monigotes partidarios y a los que cimentaban negocios sobre la sangre, a las gentes privilegiadas del otro lado. Pero entonces tenía que odiar también a ese Dios que les había dado a ellos callos en el corazón que les permitía organizar la matanza, y que me torturaba a mí con la tortura de odiar el matar, y que dejaba mujeres y niños sufrir su raquitismo y sus jornales de hambre, para acabar despedazándolos con obuses y bombas. Estábamos cogidos todos en un mecanismo monstruoso que nos trituraba entre sus ruedas dentadas; y si nos rebelábamos, toda la violencia y todo el odio se volvía en contra nuestra, arrastrándonos a la violencia."

2 palabras:

Sheyimash dijo...

Brutal texto. Gracias por compartirlo.

Las nuevas generaciones hemos tenido muy cerca la guerra y la posguerra (nuestros propios abuelos la han vivido), y sin embargo nos resulta algo remotísimo (afortunadamente). Dios quiera que jamás tengamos que pasar por algo parecido. Y ya de paso, que supiéramos apreciar y experimentar plenamente las cosas realmente valiosas en la vida, y rechazar de una puta vez las superficialidades que nos esclavizan en esta sociedad zombie, sin tener que pasar por algo tan dramático como una guerra para comprenderlo.

Un saludo,

"S".

Sheyimash dijo...

Hablando de la guerra y sus historias personales (las más fuertes e importantes) recomiendo encarecidamente la brutal película "Volver a Nacer", actualmente en cartelera, protagonizada por Penélope Cruz. Es atroz, pero narra una impresionante historia humana. Muy recomendable.

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