M.

1.11.11

Primera entrada en condiciones que escribo en bastante tiempo, y se lo debo a una personita muy especial, que ha conseguido inspirarme.

Se envolvió en un vestido blanco. Sin adornos, sin maquillaje. Su alma blanca y brillante sin decoración alguna. Susurró un par de palabras que sólo unas pocas personas, privilegiadas de poder rozar su magia, pudieron escuchar. Ella, escondida entre palabras, les contaba su historia. Les contaba cómo, poco a poco, una semilla, enterrada en su corazón desde su nacimiento, fue germinando. Creció su tallo, se crearon pequeñas hojas, se formaron las flores. Pasaban los años, y aquella pequeña plantita se iba haciendo más y más grande. Al irse desarrollando, a veces desgarraba el inocente corazoncito de aquella niña con mirada soñadora. En los momentos álgidos de dolor, lo veía todo negro.
Hasta que un día, ella fue lo suficientemente grande (y no sólo físicamente) como para albergar a aquella planta en su interior mientras dejaba a su espíritu ser todo lo inmenso que quisiera.
La pequeña niña, que ya no era tan niña, regresó a sus orígenes, volvió a aquellas raíces en las que todo era simple y pura magia. Sin todo el ruido que, durante años, albergó su corazón, por culpa de daños externos que creyó no poder superar. Y fue esa desconfianza la que la venció.
Pero ahora, esa jovencita de mirada soñadora, brilla blanca y pura, y si cierras los ojos y escuchas con atención, tú también serás capaz de distinguir la magia que destilan sus palabras. 

Aprovecho también la entrada para comunicaros que Neissel ya no seguirá más por aquí, pero tenemos una nueva cara, y es la de la maravillosísima Anika. Este blog es tan suyo como mío, así que supongo que ya se presentará ella. ¡Dadle la bienvenida!

1 palabras:

Miss Frenesí dijo...

Encantada de que te quedes por aquí :)
Un beso enorme!

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El baúl de la habitación de al lado

Palabras...

>> Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se nos presentan en el espíritu hasta que ya es demasiado tarde.
André Gide.


>> La palabra que retienes dentro de ti es tu esclava; la que se te escapa es tu señora.
Proverbio persa.




Huellas.